jueves, 18 de abril de 2013

El Perdedor, descripción

Un tipo medio de perdedor frustrado, no un falso perdedor, sino un auténtico perdedor con conciencia de ello. Conciencia no vanal, sino conceptualizada, estriada y a tiras. Un perdedor con pocos o casi ningún recurso para agradar, complementar, felicitar, y de hacer o crear felicidad... ¿felicitizar?. No existe obviamente, un perdedor con vanos recursos inclusos para la inventiva.

Una vez me preguntó un buen amigo británico: ¿tú qué has estudiado? Yo, el tema de arte e imagen - le respondí - Pues dedícate al tema del arte y la imagen, no opines sobre la leche fresca de Margaret Thatcher porque ni eres economista ni has estudiado Ciencias Políticas, el hecho de que retiraran aquel tipo de ayuda se pudo deber a que mucha gente que la pedía gastaban mas en el pub que en alimentos en sí.-  La abrumadora e inexcusable lógica británica, pensé yo.

Oigo ladridos de perros a menudo, por la calle, en casa, al dormir, un no cesar de "guau guau" que resuena en mi consciente y mi subconsciente. En el autobús a veces, y extraña música de fondo a Cadena Dial, una música paralela que parece mas sacada de los anuncios de Perlán. Perlán el suavizante, un suavizante que nos acompaña toda la vida, ese suavizante incorporado que no nos abandona, ni traiciona. Perlán marca una era, una época suave de España. Perlán, siempre Perlán.

Me han regalado una botella de tinto crianza Gran Perdedor; la película recomendación de youtube "The Losers". Hoy no pretendía hacer un enfoque de mi blog a lo "Diario de Pamela", pero no me queda otra. La Literatura no es mi fuerte, nunca lo fue, mi profesora de Literatura me dijo que escribía mal sin ánimo de destruir mis ilusiones. A lo largo de mi vida intenté escribir varios libros, todos frustrados, abortados, abandonados, dejados. Una vida incompleta de primeras páginas, un ser sin fondo ni asas por donde cogerlo.

Recuerdo un gran amigo ya fallecido, famoso economista y analista, trampero de palomas y palomas torcaces en su tiempo libre del Parque Maria Luisa. Él lo reconocía, el tramperío de palomas era algo delictivo pero agradecido a la vez por muchos, el ácido corrosivo de la caca de paloma y sus consecuencias negativas en la estética de nuestra ciudad, ciudad en la que unos mas y otros menos... hemos nacido. El secreto está en la compensación del parte y parte, siempre. Andorrano de nacimiento pero afincado en la Península aquí y allá, me comentaba que la vida es primera parte, segunda, prórroga y penalties.

Un perdedor en sí no es lo que es, es lo que parece. Perder por perder no es excusa, es vicio. Perder porque has jugado la partida es mala y activa suerte, la renuncia a continuar la partida es la inexorable aceptación de la derrota, ó como sonaría entre ladridos de perros: "!fracasao, eres un fracasao¡". No cabe la menor duda que para convertirse en literato hace falta acabar una carrera, y a ser posible de letras, pero eso sólo es una mera especulación. Un perdedor puede o no ser un manipulador, pero a fin de cuentas un manipulador malo. A grandes manipuladores no resisten percas blancas. Una perca como de pelito, escuché una vez un señora decir que había perdido en una discoteca donde yo trabajaba de recogevasos, grandes columnas de vasos. Mi primo Fabio también fue recogevasos, pero él triunfó en la vida con Hummer incluido. El todoterreno ancho de las ruedas gordas.

Un dia me llamó uno que iba yo con la bicicleta a una parcela que yo tenía, 25 mil metros cuadrados. Era uno de la Sevillana de Electricidad, enganchao en un poste de la luz arreglando una avería. Hacía calor pa derretir los cables y me dijo que le trajera agua que llevaba 3 horas allí subido y no tenía ni agua. Fui a la parcela y llené una botella de litro de agua del pozo fresquita mu güena. Le llevé el agua y se bebió el litro de agua, la camiseta empapada en sudor, la gorra el cerco chorreando. "!Virgen de Calatrava¡" -  exclamaba mientras bebía. Era un hombre muy educado, burgales y bien hablado siempre.

¿Cómo diferenciar un auténtico perdedor de un falso llorón? Es facilísimo, el auténtico perdedor acepta la derrota y camina cabizbajo observante de las fisuras de la calle, haciendo de cada capa un sayo. Yo me acostumbré a perder en el deporte. Yo por lo menos. Aprendes a ver la vida como una continua derrota y el afán de superación no te conmueve, porque sabes que to es pa na. El fracaso, la redención del orgullo triunfador durante la jovial hacendada de castillos en el aire, todo se desmorona, mas castillos de arena en definitiva.

El auténtico perdedor no desestima, escatima. Tramperos serán muchos, pero guadañeros pocos, y cada vez menos. Escatima en pérdidas reales, pérdidas estimadas o absolutas, siempre recortando el número del éxito para asegurarse la derrota idólatra, la derrota irreversible. Me decía mi profesora de Literatura que no había que hacer tanto uso de adjetivos y comas, mas fluido el párrafo. Un día me la encontré por la calle Alfonso XII de camino a la academia de violines con su hijo. Era muy guapa y despistada, amiga de grandes escritores de fines de siglo XX. Nos saludamos poquito a poco, me explicó lo del hijo y sus clases de violín, yo le expliqué lo de mis frustrantes clases de relaciones públicas y ella lo comprendió claro.

Todo se derrumba, todo. Los muros de Agapata, los palacios de Orcuño. El complejo de rebaba, el constante sentimiento de que estás fuera de todo círculo terrenal porque realmente no has cuadrado desde el comienzo. Ocupando plazas de garaje ajenas, aparcando sobre la linea blanca.

Sin trabajo, sin amada, sin coche, sin expectativas, cerrando mi vida al exterior, crisálida en trapo.  Sin móvil moderno para enseñar al mundo, sin canal plus.