domingo, 26 de mayo de 2013

Leonardo

De Leonardo poco que decir que no se haya dicho ya, salvo que visitó al menos las Islas Británicas, América del Norte y el Casquete Polar Nórdico en una nave presuntamente extraterrestre, después sistematizó sus observaciones y conclusiones mediante pinturas gráficas, gráficos a carboncilla y otras descripciones físicas y literarias. Para comparación visítese por favor Ansel Adams y su fotografía del parque natural Yosemita: http://www.masters-of-photography.com/A/adams/adams_clearing_winter_storm_full.html , y pintura de Leonardo: http://en.wikipedia.org/wiki/File:Mona_Lisa,_by_Leonardo_da_Vinci,_from_C2RMF_retouched.jpg

Leonardo dibujó un total de 325 grabados que fueron incautados la mayoría por la cúpula militar y católica. Otros cayeron en posesión de coleccionistas de la época, en su mayoría voyagers fascinados con los relatos de Marco Polo. Sus famosos grabados del parque Yellowstone no han sido exhibidos en absoluto, ya que se realizaron de manera aérea y con la expectación de las tribus indias norteamericanas. 
Varios bocetos de las naves son presumiblemente arcanciados en instalaciones de máxima seguridad de Norteamérica. El mismísimo Duque de Bankia asegura que accedió a los bocetos en varios simposios de armamentística nuclear de cooperación euronorteamericana, el INS y el ISS.

Un manuscrito encontrado inciertamente en el Norte de Europa y que se cree de puño y letra de Leonardo, explicaba detalladamente como los alienígenas utilizaban técnicas de sonidos para inhibir la intercomunicación cerebral entre los humanos, práctica muy desarrollada desde la entrega del Arca a Moises. Por un lado tenemos un grupo de humanos con una imponente arma divina y sus poderes de hipnosis y telepatía, y por otro un grupo de alienígenas pretendiendo limitar este poder. La entrega del Arca y Las Tablas de mano divina e inexplicable, ¿una transición de algo mas alto que los mismos alienígenas, ángeles invisibles en teoría habitando entre nosotros, y semiángeles en la convivencia diaria? Todas estas preguntas pululaban por la centrifugada mente de Leonardo, demasiado complicado para explicarlo al grupo clerical de viernes tarde.