domingo, 16 de junio de 2013

Martín Pajarete

Martín fue un hombre dificultoso, acusado de casi todo: extorsión, acoso, mal ferrallista, violento de género, blanqueo de capitales, tráfico de drogas, robo, chulo de hombres, prostitución, alta y media traición, asociación criminal con su doble personalidad, improperios contra las fuerzas del orden público mundial ..., hizo de todo este Martinete . . . ayh aayh aaayh Martineeeeete !

Aficionado al mal cante, ortodoxo y canicular, amante del trompo polinesio y cuerdo flojo. Brillaba por su ausencia de sofisticación, tosco y rural, puerro y maleante a veces. "Una joyita para tu ajuar", como bien dijera la Dra. Rosa Laportera en unas declaraciones al Figaro Sportivo.
Lo mismo en público se arrancaba los pelos de la nariz que estornudaba a plancha abierta, era de lo mas indecoroso este cangrejo y aquello le granjeó muchísimas enemistades. El Inspector Capitán interestatal E. Valiente Ceporro declaró en varias ocasiones: "Es de lo mas incongruente este Pajarete, se volverá disléxico!!", etc. No podía un ser humano en todo su ente reunir peores defectos, incluso imitaba el ´pí pí´ de los semáforos para peatón, por lo que puso en peligro vidas de transeuntes en varias ocasiones. De todo, vamos, de todo.

Martinete se daba cuenta de todo pero tarde, un tipo de síndrome del murciélago, oía demasiado pronto y no se lo creía la mayoría de las veces. Después optó por el doble scanning, pero le traicionaba la vista. En posteriores experimentos fue revelado un trascendimiento sextagonal al chico, cuando aún era jovén, caucasiano y complexión media gorda. Para algunos Martín se convirtió en aquella inevitable excusa para no hablar de triunfalismos, esa cosita que se arrastra por los caminos del propio ridículo personal y profesional y que no se logra asimilar ni aceptar, ya sea en corrillos fuera de la oficina ó en retiramiento de barbacoa terapeútica. Para otros fue un gran vencedor e incluso le daban la mano. "Con un giro de murciélago se evita todo - decía- o casi todo". Fue el eterno hombre que no supo entender que pasó unos 13 años siendo culpado de algo que ni sabía que había hecho, porque en realidad no lo hizo, sino que se lo hicieron creer: era parte del Método 14.

Yo lo veía, lo vi en varias ocasiones y se lo decía: "Martín, ¿por qué aguantas este bochorno? dime," y respondía Martín muy envalentonado: "Porque alguien tiene que fregar los platos sucios, se potencia e incrementa los niveles de anticuerpos, a la par que aprendes a observar como come tu adversario, devorante ó disfrutante. A la mesa, estimado Fran, no todos somos iguales".

Assange, Manning, Snowden, Falciani, nombres que se repetían en las noticias y en la mente de Pajarete. El mundo necesita de héroes y mártires. No es posible que 4 paersonas pudieran tener conductas similares y llegar a tal extremo de denuncia humana, traición lo llamaban algunos . . . ¿pero a quién?; traición a la corporativa supongo.  Pajarete decía que la peor traición de un ferrallista era el meter gavilla de 8 para construcción de bovadilla en viga a T, y de la misma forma la mayor traición a un país era la revelación de datos al enemigo: "Claro -argumentaba Pajarete- si le dices al enemigo donde te duele pues te va a dar, es de cajón, pero si en vez de ponerte a hacer tu trabajo y escuchar lo que habla el enemigo te pones a escuchar lo que habla tu esposa con el amante, joder pues estas dejando tus funciones, y se te mete el enemigo en el huerto y te quita los melones como decía mi abuelo". Y cuando la canasta empieza a hacer agua se chorrea por los lados.

Era así Pajarete, no era medio tintero aunque sí un poco esotérico y supersticioso, al punto que confirmó haber visto el Demonio varias veces, la Muerte y su Mago, y en una ocasión fue visto en una teteria victoriana con aureola del Arcangel Carmichael, que era el que aguantaba su pena y tristeza por el mundo.  El capítulo de la arrogancia humana, como él bien decía, parte de la negligencia colectiva, la desidia copulativa de sectores apretados y espaciados; Un cuadro de Pirandello.

"... y me siento rodeado de víboras chorreando veneno por los colmillos", así se me dirigía Pajarete en una de las pocas exclusivas que dedicó a la prensa. Yo no era periodista, pero se lo tragó el cuento. Yo me sentía menos aún que Pajarete, lo seguía e imitaba en su andar cabizbajo, humillado con la nariz coagulante, el toro.


El Mago de la Muerte

Hombre de aspecto natural, casado y dos hijos. Alto, cabicho, ojos claros y mentón numantino, un poco trompiconero como hubiera dicho Martinet. Era poco explicativo y aguantando la inflexión de la argucia. Quería Martín decirle que apretando labios no iba a llegar a ninguna parte en el mundo de la magia pero desistió porque lo vio muy concentrado. Lo vio concentrado en las escalinatas, las tapias bajas, el andar de carterista de verbena multitudinaria en mejores tiempos de ladrillo. El mago lo sabía todo pero tampoco iba a hablar, sólo estaba allí para limpiar resquicios emocionales de posible dejación de funciones o de algo peor. Truco hecho, Martín satisfecho y el mago trompetero de otro apocalipsis. Como dijo Martinete al doblar la calle: "¿Y el teléfono es mio!?".